Diario de un voluntariado en Bobo-Dioulasso, Burkina Faso (2026)

Diario de un voluntariado en Bobo-Dioulasso, Burkina Faso (2026)

Durante una semana en pleno marzo de 2026, Loles, desde nuestra delegación de Murcia, y Raúl, desde nuestra delegación de Madrid, han vivido una experiencia de voluntariado en Bobo Dioulasso (Burkina Faso).

Durante su estancia, han visitado dos iniciativas clave: la ampliación de las aulas de secundaria del colegio Nuestra Señora del Carmen; y la puesta en marcha de un taller de mecánica, pensado para ofrecer formación profesional en reparación de vehículos y mecánica para abrir nuevas oportunidades de futuro.

A lo largo de estos días, han compartido su experiencia a través de distintos vídeos difundidos en nuestras redes sociales, que recogemos en esta entrada como testimonio directo de lo vivido.

Vídeos sobre su experiencia:

Testimonio de Raúl Duro

Con la mochila llena de ilusión y de las expectativas recogidas en nuestra maleta durante el curso de iniciación al Voluntariado que hicimos en Karit meses atrás, volamos a mediados de marzo’26 en dirección a Ouagadougou, capital de Burkina Faso. 
 
Burkina es un país ubicado en el interior de África, que cuenta con más de 22 millones de habitantes, que en su mayoría viven en pobreza extrema, cuyo IDH lo ubica en los últimos puestos a nivel mundial. Tras su independencia de Francia en 1960, la población se ha visto sometida a continuas revueltas sociales y golpes de estado militares durante varias décadas, viviendo actualmente una etapa de relativa calma, donde el gobierno se marca como prioridades la seguridad del país -reduciendo los grupos terroristas- y la prosperidad de la población impulsando el consumo interno, creación de infraestructuras y reduciendo la dependencia externa. Ojalá lo consigan, pues Burkina y sus gentes se lo merecen.
 
Ouaga nos recibió un atardecer caluroso (más de 40º-) que nos mostraba miles de señales, todas nuevas para nuestros ojos: calles abarrotadas de motos y coches que circulan a su manera, cruces sin señalizar y miles de personas a ambos lados que van y vienen, entran y salen de las tiendas situadas en a lo largo de la calzada. 
Nos alojamos en la casa carmelita a las afueras de la ciudad. La mañana siguiente nos sorprendió con la crudeza de un barrio extremadamente deprimido. 
 
Miles de familias se alojan en pequeñas chabolas de adobe, sin agua corriente, sin luz, sobre una tierra roja que aún no conoce el asfalto. La mayoría son personas que han llegado hasta allí huyendo de las guerrillas de otras partes del país, mayoritariamente mujeres y niños.
Imágenes de niños descalzos que caminan en grupos a buscar agua, llenando garrafas y tirando de carros hasta llegar a los pozos habilitados, nos indican esta realidad que es muy común en la mayoría de los países africanos. Pero hay una señal que nos conmueve: estos niños parecen alegres, bromean entre ellos y nos saludan amablemente al cruzarnos, pero… ¿cómo es posible que se muestren contentos con la miseria «material y social» que los rodea?.
 
Un viaje de más de 7 horas en bus por la carretera que une el norte con el sur del país, nos lleva a Bobo Dioulasso, nuestro destino. 
Bobo muestra un ambiente de movilidad permanente de sus gentes, similar a Ouaga. Miles de personas inundan sus calles de tierra roja y calor constante.
Por fin llegamos a la casa carmelita, donde su comunidad nos acoge amablemente dentro de su sencillez, y nos disponemos a desarrollar nuestra misión como voluntarios y representantes de Karit.
 

La comunidad carmelita se estableció en Burkina Faso en el año 2000 y llegó a la ciudad de Bobo-Dioulasso en 2007. Allí se asentó en un barrio periférico con el propósito de impulsar un proyecto educativo que comenzó a materializarse en torno a 2009, inicialmente ofreciendo formación en el ciclo de educación infantil.

Desde entonces, el centro ha experimentado un crecimiento progresivo hasta abarcar en la actualidad todas las etapas educativas, acompañando al alumnado desde la infancia hasta la educación secundaria.

El objetivo que guía esta iniciativa es claro: garantizar una formación básica y de calidad a la infancia de Bobo-Dioulasso, contribuyendo a ampliar sus oportunidades de desarrollo personal y favoreciendo, a su vez, el sustento y bienestar de sus familias.

 Y en este punto es donde se inicia la colaboración con Karit, asumiendo este proyecto y  la financiación de la construcción, a través de las aportaciones de los socios y de las actividades que desarrollan en sus delegaciones. Han transcurrido ya bastantes años, desde el comienzo de la primera clase de infantil, la ampliación del centro para la educación primaria y llegando a secundaria, y el P. Paul -responsable del centro- nos comenta con satisfacción que aunque ha sido un camino largo y cargado de dificultades, la ilusión y la fe siempre les ha motivado a continuar con el proyecto.
 
En estos momentos, el centro escolar Nuestra Señora del Carmen de Bobo es una referencia social en el barrio, que ha crecido en torno a las instalaciones del colegio, escolarizando ya a más de 1.000 alumnos cada año, cubriendo la totalidad de plazas disponibles. Un profesorado comprometido con la educación basada en valores, donde conviven niños y niñas de diferentes religiones en total armonía. Además ofrece servicio de comida que garantice a los alumnos una dieta elemental y equilibrada cada día.
 
El reconocimiento ha llegado también desde las autoridades locales, premiando al colegio por crear un área de forestación entre los pabellones. Se trata de un conjunto de jardines con plantas y árboles variados, cuidado por profesores y alumnos, que ayuda a la identificación y reconocimiento de la vegetación autóctona. 
Otra apuesta destacable es el aprendizaje de idiomas. Además de francés -que es el idioma oficial-, los alumnos de primaria se inician con inglés y más adelante también tienen la opción de alemán. 
 
Pero el colegio no es solo un espacio escolar. Es el centro social del barrio, donde familias se reúnen para charlar y compartir sus actividades en su tiempo libre. Y también es un centro de celebración de actividades cristianas que ellos mismos organizan (grupos de oración, tercera orden del carmen, catequesis, etc.).
 
En 2015 el centro da un paso más al iniciar la construcción de unas escuelas de oficios para aportar formación profesional a jóvenes en situación vulnerable, que denominan centro Carmel Espoir (Carmelo Esperanza) y que también Karit apoya desde el inicio. Tras una fase de educación básica -pues muchos de ellos no han recibido educación primaria- se les proporciona una formación técnica planificada en 2 etapas, obteniendo una primera certificación en 2 años y otra superior en 4 años, que les permite afrontar un futuro profesional, bien como trabajador autónomo o ser contratados en otras empresas, en las áreas de Soldadura y estructuras metálica, en Carpintería y Confección textil.
Además, hemos comprobado cómo Carmel Espoir avanza en un nuevo reto: la construcción de una escuela de mecánica del automóvil. Esta escuela de oficios ya ha iniciado su construcción -un aula de pŕacticas y dos aulas de teoría-. La gestión de las clases prácticas ha sido acordada con una empresa local que dispone de varios talleres, lo cual garantiza que los alumnos recibirán una formación práctica con orientación laboral. Las obras y el equipamiento está respaldado por la colaboración de empresas españolas del sector del automóvil de España a través de Karit.
 
Vivir esta experiencia en Burkina ha sido extraordinario para nosotros. Primero, porque hemos visto la esencia del trabajo de colaboración que realizamos en Karit, desde la identificación de los proyectos con nuestras contrapartes hasta su ejecución, pasando por muchas actividades que realizamos para conseguir nuestras metas de financiación, como es en este caso el proporcionar una formación de calidad para niñ@s sin recursos.  
Por otro lado, hemos podido convivir con las personas receptoras de nuestra colaboración, conocer de cerca su realidad, conocer sus inquietudes, sentirnos queridos por ellos. También hemos comprobado cómo se puede disfrutar de las cosas más sencillas, compartiendo en comunidad, sin disponer de grandes riquezas materiales.
Les hemos transmitido el cariño de todos los colabores de Karit y también nuestro compromiso de que seguiremos estando a su lado, juntos en el desarrollo de proyectos y compartiendo experiencias de vida ¡Eso es el Voluntariado! 
Y todo ello en el marco de fraternidad que nos ha proporcionado la familia carmelita de Burkina desde nuestra llegada, haciéndonos sentir como en casa.
 
Al finalizar el viaje, nos guardamos en el corazón muchas emociones, cercanía, comunidad, otra realidad, otras «gafas» para mirar el mundo… todo un cóctel de sentimientos y, sobre todo, mucho agradecimiento. Seguimos adelante, pues el viaje continúa en nuestros corazones.
 
Y desde Karit seguiremos apostando por nuestros proyectos en Bobo. En concreto, en 2026 apoyamos la fase final de construcción de las aulas de secundaria del colegio y también la construcción del nuevo taller de mecánica. ¡Muchas gracias a todos por vuestra colaboración y confianza en Karit!
 
Raúl Duro
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