No son felices con tan poco

No son felices con tan poco

Muchas veces, cuando se viaja a países en vías de desarrollo, basta con hacer unas fotos a niños sonriendo, jugando con juguetes hechos por ellos mismos, o ver a jóvenes y adultos bailar y reír, para caer en la típica frase: “son felices con tan poco”.

A mí siempre me ha chirriado. Incluso, cuando empecé este viaje por algunos países africanos, una amiga me preguntó: “¿es verdad eso que dicen: que son felices con tan poco?”. Y me dejó pensando hasta que con el paso de los días y después de ir conociendo las diferentes realidades, tengo claro que esa frase no hace justicia. Es una forma de suavizar lo que aquí se vive, de blanquear desigualdades para que quienes vivimos en el norte podamos dormir más tranquilos.

No, no son felices con tan poco. Las madres no son felices viendo a sus hijos pasar hambre. Los niños, que deberían jugar, trabajan en el campo desde pequeños, y no, no son felices con eso. Quienes pueden ir a la escuela recorren horas caminando, y eso tampoco les hace felices. Las personas que no pueden acceder a medicación porque el gobierno no se preocupa del abastecimiento, tampoco son felices. Los enfermos que tienen que ver como los hospitales no tienen medios, recursos ni. materiales para salvar vidas… No, no son felices. Las personas con discapacidad, excluidas y sin oportunidades, no son felices. Las mujeres que sostienen todo sin que nadie las sostenga a ellas… tampoco lo son. Y esto es solo una pequeña parte.

¿Pero sabéis lo que sí son?: Son comunidades vivas, generosas y profundamente solidarias. Donde faltan recursos, sobra humanidad. Donde no llega el Estado, llega el vecino. Quizá por eso sonríen, quizá por eso tenemos tanto que aprender. Pero no confundamos su capacidad de resiliencia con una vida digna. No confundamos su sonrisa con justicia. Porque no lo es, y precisamente por eso, no podemos mirar hacia otro lado.

Colaborar no es un gesto de caridad, es una responsabilidad. Es contribuir a que derechos básicos (sanidad, educación, agua, alimentación) dejen de ser privilegios. Y Karit junto con la Familia Carmelita está ahí cada día para que esto cambie, pero necesitan manos, compromiso y conciencia.

No, no son felices con tan poco. Pero juntos sí podemos seguir transformando la realidad.

Loles López Segura, voluntaria de Murcia, Karit Solidarios por la Paz.

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