Una tarde paseando por la ciudad de Santo Domingo me llamó poderosamente la atención que había un gran número de mujeres jóvenes que iban con carpetas para asistir a clase y estudiar en academias o pequeñas universidades cercanas al lugar donde estaba residiendo. Me parece una estampa que recoge muy bien el papel de la mujer en países vulnerables, con situaciones de cierta injusticia y desigualdad entre los hombres y mujeres. Son ellas las que tienen que buscarse una salida, un porvenir, una educación. Era por las tardes después seguramente de haber realizado un trabajo por la mañana en sus casas, quizá jóvenes madres, o en algún pequeño empleo o cuidando a su padres. Luchadoras, buscadoras de igualdad, guerreras para defender su dignidad. Estas mujeres de países que olvidamos, en la larga lista de los más pobres del mundo son auténtico sostén, referencia y pilar para una sociedad construida sobre el patriarcado, sobre la prevalencia del hombre sobre la mujer. Solas, con fuerza, creyendo en ellas mismas, sabiendo lo larga y dura que es la lucha pero agarradas a una carpeta como puerta de escapada de la pobreza, como ‘arma eficaz y privilegiada’ de transformación y derechos.

Las mujeres en estos países donde llevamos a cabo nuestros proyectos son garantes de verdad y seguridad con la lucha por un futuro mejor. Ellas no son indiferentes a cualquier propuesta de participación, tienen una visión esperanzada y comprometida a medio y largo plazo sobre lo que es y significa desarrollo para ellas y su gente. Están siempre dispuestas a emprender, a renovar, a abrir puentes o propuestas, saben que en ello está el futuro de sus hijos e hijas, quizá también de ellas mismas. Esta visión de futuro las hace colaboradoras especiales de la transformación prometida y contenida en los proyectos. Saben y quieren arriesgar, saben y conocen qué proponer, y cuentan con la disponibilidad para empujar y conseguirlo.
¿Qué hacer para que estos ‘pilares’ de transformación y cambio, que son las mujeres, sean más sólidos?
- Valorar de manera constante y permanente la igualdad y acrecentar su participación en la vida social, económica, cultural y política. Su visión de la realidad es mucho más certera que la de los hombres, donde su privilegio ha venido dado sin necesidad de luchar por conseguirlo. Los proyectos y propuestas de cooperación tienen que conducir a conseguir esta valoración de la mujer en un entorno donde no lo es.
- Facilitar la accesibilidad a la educación de las niñas y mujeres. Que no sea algo secundario o tardío, como el ejemplo que conté de Dominicana. No debe ni pueden ser excluidas del sistema educativo, este no es exclusivo de los hombres sino que es compartido con ellos para lo cual, si es necesario, deben facilitarse las medidas necesarias para que la participación de las mujeres sea fácil, equitativa, real y total.

- Que en todos los proyectos de ayuda al desarrollo desaparezca cualquier referencia discriminatoria de género. Los que pertenecemos a las ONGDs tenemos que estar muy atentos a esta circunstancia. Todo debe ser abierto y completamente accesible a la mujer. Si puede existir alguna discriminación solo debe ser la positiva hacia ellas.
- Estamos llamados a que el desarrollo que guía nuestra actividad genere estructuras donde esa igualdad sea real. No hay desarrollo posible sin que sea femenino. Estas estructuras deben posibilitar que sean ellas las que asuman autoridad, responsabilidad y centralidad en la toma de decisiones.
- Tener en cuenta su criterio y singularidad a la hora de planificar proyectos, de tomar decisiones sobre los mismos. La mujer es parte importante y fundamental de la zona, del entorno, de la población beneficiaria de los mismos. No son agentes pasivos de recibir colaboración, son los agentes más importantes a la hora de la realización de esos proyectos que generan desarrollo, posibilidades, y que quieren paliar las necesidades básicas de la población.
La mujeres, que recordamos de manera especial este día 8 de marzo, son ‘pilares’ no sólo en estos lugares a los que he hecho referencia anteriormente, lo son también en toda sociedad, por lo cual no demos ni olvidarlas y dejarlas de lado, sino consolidar su valor y lugar fundamental y único en la misma.
En Karit Solidarios por la Paz somos conscientes de ello, lo vivimos así desde hace treinta años y son muchas mujeres, las que forman parte primordial de nuestros proyectos, y los llenan de esperanza. Mujeres que recorren kilómetros con su niño a la espalda para llegar a un centro nutricional en Mozambique y que consideran suyo. Mujeres que no quieren dejar que el centro Giraluna en Perú se vea mermado de recursos para sus hijos con discapacidad. Mujeres que en Haití colaboran y luchan cada día para que el dispensario médico Santa Teresita en Anse-a-Pitre siga abierto… Y en medio de toda esta realidad, también las mujeres son la mayoría de nuestras contrapartes. Un abrazo a todas y todos… y mil gracias. La igualdad por la que se lucha no se consigue, sólo se recupera ya que forma parte de la dignidad de todo ser humano, de toda persona, y con ella se nace.
David Oliver. Presidente de Karit



